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Nos vimos en Berlín

Al habla con Mark Reeder, director y protagonista del film ‘B-Movie: Lust and Sound in West-Berlin (1979-1989)’.
Jose E. Plata M.
Mark Reeder en una imagen del documental “Berliner Trance” (1993), del cual ha recuperado muchas imágenes para dar forma a “B-Movie: Lust and Sound in West-Berlin (1979-1989)”.
 
[Nota: La versión original de este artículo de Jose E. Plata M., colaborador de In-Edit Colombia, fue publicada bajo el título Oscuridad y sintetizadores en Berlín en la web Cartel Urbano. Nuestro agradecimiento a su director, Jorge Pinzón por cedérnoslo].
 
La historia de la música nos ha enseñado la importancia de algunas ciudades que se convierten en epicentros de creatividad,  en iconos de referencia. Ya conocemos historias y momentos importantes de ciudades como Nueva York, París, Detroit, Los Ángeles, Manchester, Chicago, Seattle, Madrid, México D.F., La Habana… Pero hay una ciudad que ha demostrado especialmente ser un auténtico imán para la música e históricamente ha logrado atraer a artistas que han dejado una huella imborrable: Berlín, el lugar donde se mezclan historias y convulsiones culturales que atraviesan el mundo del jazz, el cabaret, el rock, el pop, la electrónica y más allá. Algunas de estas historias ya han sido muy documentadas y referidas, como las de Iggy Pop y David Bowie en los setenta, Nick Cave en los ochenta, U2 en los noventa, y Liars y The Field en este milenio. Sin embargo, hay historias que no se pueden rastrear en Google, como la que cuenta Mark Reeder en el documental B-Movie: Lust and Sound in West-Berlin (1979-1989), que se podrá ver en la próxima edición del festival Beefeater In-Edit en Barcelona.
 
 
Esta pieza audiovisual es una recopilación de recuerdos (imágenes y música) hecha por Mark Reeder, un británico nacido en Manchester en 1958 que se sumergió y dejó su impronta en la ebullición creativa del punk y el post-punk de la divida Berlín de la década de los 80. Desde su apartamento en la capital alemana, Reeder rememora aquellos sonidos y aquellas vivencias que ayudaron a configurar el valor de la historia del arte y la música de la ciudad.
 
“Trabajé en una pequeña tienda de discos —cuenta Mark Reeder— y uno de los clientes a los que solía atender era Ian Curtis, vocalista de Joy Division. Buscaba reggae, sonidos electrónicos y sintetizados. Era un buen tipo y tenía grandes expectativas con su banda, pero sabía que era complicado vivir de la música cuando se tiene que atender un matrimonio”.  Corrían los años setenta y el panorama era sombrío en Manchester. Al escuchar los discos de algunos proyectos teutones de rock y electrónica de la época (Neu!Tangerine DreamKraftwerk) decidió dejar su ciudad y desplazarse a aquella donde lo oscuro y sintético era lo que atraía. Llegar era complicado, porque había que atravesar el mar y adentrarse en la Alemania Oriental, pero como todo viaje, su llegada a Berlín fue gratificante. 
 
Okupas de Berlín.
 
Con la misión de ser el representante del sello Factory Records, se estableció en un lugar atravesado por un muro de 45 kilómetros y vigilancia constante por parte de Estados Unidos, Inglaterra, la antigua Unión Soviética y Francia. Pero la ciudad se le abrió en pleno. Reeder recuerda la decadencia y posterior renacimiento que vivió la ciudad. Las bandas buscaban su propio camino y no querían imitar sonidos londinenses ni neoyorquinos. Así, hubo punk, new wave y pop sintético con letras en alemán; algunas de ellas tuvieron trascendencia y dejaron grabaciones que se siguen escuchando con gusto actualmente. Desde lo más temprano de la década de 1980, Reeder adquirió una obsesión: guardar y registrar todo lo que veía; ésa es la materia prima de su documental.
 
Gran parte del proyecto son archivos que filmó y grabó entre 1979 y 1989 con cámaras caseras, en formatos que ya no se usan y con personajes que han envejecido o que ya murieron. En esos 92 minutos, vemos desfilar artistas y grupos como Malaria!Nick CaveEinstürzende NeubautenDie Tödliche DorisDie Toten HosenAbwärts, entre otros, y también grabaciones de conciertos y los clubes en los que se vivió la movida independiente y alternativa de aquella época en Berlín, como Risiko o S.O.36. 
 
Blixa Bargeld, de Einstürzende Neubauten.
 
Abundaban las drogas, y las noches resultaban cortas para todo lo que había por hacer. Los días eran una vorágine de creación en tiendas de moda y galerías de arte, o de protestas contra las políticas represivas aplicadas contra punks y okupas. Siendo Berlín una ciudad barata, conseguir un sitio para vivir no era complicado y mantenerse a punta del arte o la creatividad tampoco resultaba descabellado. “Existía el marco alemán y con muy pocos marcos uno se movía y hacía cosas. El dinero alcanzaba para el alquiler, la fiesta, los discos e incluso para producir cosas. En todo caso, todo era más fácil y menos costoso que en una ciudad como Londres”, comenta Mark. Mientras documentaba las escenas musicales y culturales de la ciudad, nuestro protagonista trabajó en tiendas de discos y fundó su propio sello discográfico, MFS Berlin. También tuvo varios proyectos musicales como Die Unbekanten y Shark Vegas
 
Mark Reeder y los miembros de Joy Division, a quien les montó un concierto en Berlín.
 
El documental se hizo sin ayuda gubernamental, porque la comisión fílmica de Berlín opinaba que no era una película para el cine y que requería de una historia de amor para resultar convincente. También ha tenido muchas dificultades para entrar en circuitos comerciales, dado que muchos de los artistas que aparecen en B-Movie: Lust and Sound in West-Berlin (1979-1989) no querían (o no podían) ceder los derechos de canciones e imágenes. “[Los responsables de la Comisión de Cine de Berlín] me llamaron para asesorarlos en materia de sonido y terminaron revisando el material de mis archivos, que al juntarlo con otros recuerdos hizo que esto saliera”, puntualiza Mark.
 
Evaluar el impacto de aquella década era una misión que bien valía el esfuerzo. Artistas que todavía están creando comenzaron en esa ciudad y en esos días. Fueron tiempos de grafiti, de liberación ante un muro que debía caer en cualquier momento, de la llegada de la música disco y electro a las discotecas, de la tolerancia y el respeto por la comunidad homosexual, tiempos también de Perestroika, de amenaza nuclear, de sida.
 
Entrevistando a la célebre Christiane F, cuyas vivencias como prostituta yonqui adolescente inspiraron la película homónima de Uli Edel (1981), con música de David Bowie.
 
Para que os hagáis una idea de la caldera de sonidos e ideas que remueve B-Movie, os dejamos con un sumario de recuerdos de Mark Reeder así como una playlist de la música que resuena en esta carta de amor a aquel Berlín, uno de los mejores rincones del planeta para ser joven y loco por la música en los años 80. 
 
Nick Cave: “Cuando llegó, supe que iba a ser un gran talento. Vivió unos días en mi apartamento, en ese momento escribía un guión que tres décadas después conocimos como The Proposition”.
 
Anthony Wilson (Factory Records): “Un tipo inteligente, que creía más en el arte que en los negocios. Cuando veía que había oficinas de Factory en Manchester, Nueva York y Berlín, sentía orgullo. Pero Factory en Berlín no duró mucho y era más que nada mi excusa para estar en esta ciudad”.
 
Bernard Sumner (New Order): “Después de la muerte de Ian Curtis, Bernard estuvo en Berlín un tiempo. Yo le descubrí sonidos que él luego tomó e incorporó en la banda. Sin esa electrónica que conoció y que le envié a través de cintas de casete, no existiría ‘Blue Monday’”.
 
Westbam: “Recuerdo su interés por la música electrónica y ver cómo iba a las discotecas a escuchar y buscar la música que no sonaba en la radio. Lo apoyé mucho en esos años. Luego fue uno de los primeros del Love Parade en 1989”.
 
Gudrun Gut: “Esta mujer realmente es un pilar fundamental de la independencia. Trabajó en una tienda de discos, fue baterista de la banda Malaria y todavía me hablo con ella”.
 
Berlín oriental: “Nadie quería ir a ese lugar pero yo sentía que había cosas por hacer. Llevé a Die Toten Hosen a hacer dos conciertos y grabé varias bandas. Incluso estuve justo una semana antes de que cayera el muro”.
 
Berlín en los noventa: “Esa historia también la conozco y la puedo contar. Tengo más de seis mil cintas de archivo de audio y video que un día podrán ser el recuento de esa época de anarquía, amor, música y confusión”.
 
¿Y el Berlín de ahora?: “Sigo disfrutando de esta ciudad y nutriéndome de ella. Todavía es barata y es bueno ver la gran cantidad de personas creativas que la eligen como lugar de vida y trabajo”.