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Nos vemos en los tribunales

Documentales de música y juicios, con Phil Spector, Judas Priest, Roky Erickson, Zappa, Pussy Riot y muchos abogados.
Toni L. Querol
Imagen de 'The Agony and The Ecstasy of Phil Spector'.
 
El juzgado es un escenario idóneo para cultivar el drama. Sidney Lumet con 12 hombres sin piedadStanley Kramer con Vencedores o vencidos y Billy Wilder con Testigo de cargo son algunos de los directores que mejor explotaron la teatralidad de un juicio. También el género del documental musical se ha subido al estrado. Fue precisamente tras ver, en el último Beefeater In-Edit Festival de Barcelona, As The Palaces Burn (Don Argott, 2014) –film sobre el grupo metal Lamb Of God y sus fans que acaba centrándose en el juicio a su cantante tras la muerte accidental de un espectador durante un concierto– cuando decidí empezar mi particular ciclo de “documentales musicales de juicios”. Estas son cinco de las películas con olor a madera, toga y código penal que he visto estas últimas semanas.
 
1. DREAM DECEIVERS: THE STORY BEHIND JAMES VANCE V. JUDAS PRIEST (David Van Taylor, 1991)
Reno (Nevada), 1985, justo antes de Navidad. Dos adolescentes se dirigen al patio de una iglesia con una escopeta del calibre 12. Allí, Raymond Belknap se coloca el arma bajo la barbilla y se vuela los sesos. Acto seguido, James Vance hace lo mismo. No muere pero queda terriblemente desfigurado. Un tiempo después, él y su familia denuncian al grupo heavy metal Judas Priest aduciendo que un mensaje oculto en el álbum Stained Class lo empujó a suicidarse. El documental de Van Taylor aterriza en el Tribunal de Distrito de Reno cinco años después de los hechos para asistir al primer juicio en todo el mundo que intenta dirimir si los supuestos mensajes subliminales estarían protegidos por la Primera Enmienda, la libertad de expresión y esas cosas. Hay escenas memorables: la sala en pleno intentando apreciar un fantasmagórico “Do It!” rebobinando una y otra vez parte de la canción “Better By You, Better Than Me” (de hecho, una versión de Spooky Tooth); Rob Halford, el mismísimo “Metal God”, cantando el estribillo desde el estrado. Pero el documental va más allá y escucha atenta y desprejuiciadamente a Vance, sus padres y otros adolescentes con bigotillo de la ciudad, aflorando por sí sola una realidad de alcoholismo, malos tratos, depresión, fantasías mórbidas, alienación, ignorancia y fanatismo religioso.
 
No hay trailer oficial, pero aquí tenéis una recopilación de noticieros sobre el juicio.
 
2. THE AGONY AND THE ECSTASY OF PHIL SPECTOR (Vikram Jayanti, 2009)
Aunque algunos críticos le achacaron al director una excesiva parcialidad –el argumentario y la selección de testimonios alimentarían la tesis de la defensa (suicidio fortuito)– el documental sobre el primer juicio al legendario productor Phil Spector por el asesinato (un tiro en la boca) de la modelo Lara Clarkson en su mansión de Los Angeles es una maravillosa rareza. Realizado a partir de 50 horas de entrevista con Spector, imágenes del juicio celebrado en 2007, citas de la biografía escrita por el periodista inglés Mick Brown e imágenes de archivo del inmenso catálogo de clásicos del señor de las pelucas imposibles (en ocasiones parece el abuelo senil de Mozart), el enfoque del documental de la serie Arena de la BBC es, cuando menos, original e incómodo. Sin miedo a mear fuera del tiesto, se puede calificar de “godardiana” la yuxtaposición de imágenes del juicio (fotos de la escena del crimen, pruebas forenses, diagramas de la trayectoria de la bala) con el audio (íntegro) de clásico tras clásico: The CrystalsThe RonettesThe Shangri-LasRighteous Brothers… Las imágenes del tribunal son a menudo de lo más banal, planos fijos del rostro de Spector; el espectador se ve empujado a intentar descifrar la psique del personaje mirándole a la cara mientras se deleita con el “muro de sonido” con el que éste convertía las canciones en minisinfonías. Retrato hipnótico y desconcertante de un genio en toda su monstruosidad, aislamiento y megalomanía.
 
 
3. YOU'RE GONNA MISS ME (Keven McAlester, 2005)
Cuenta McAlester que su planteamiento inicial era hacer un film más, digamos, convencional sobre la caída en desgracia de Roky Erickson que a la vez reivindicara (en voz de Billy GibbonsPatti Smith y Thurston Moore) su condición de icono del rock psicodélico y la contracultura americana, tanto en solitario como al frente de los míticos 13th Floor Elevators. Pero el panorama familiar que se encontró era tan disfuncional, trágico y surrealista que el proyecto viró hacia el retrato íntimo, rematadamente íntimo, de la relación entre Roky, su madre y el menor de sus cuatro hermanos, que acaban en los tribunales disputándose la custodia del primero. Así pues, la historia pasa de los Juzgados del Condado de Travis (Texas) al abismo del apartamento-estercolero en el que la madre –atrapada en el pasado y con evidentes problemas mentales, como Bette Davis en ¿Qué fue de Baby Jane?– mantiene bajo llave a Roky. En una de las secuencias más impactantes vemos cómo Roky enciende hasta el último aparato que puede producir sonido en su apartamento, se calza unas gafas de sol y dormita en medio de una cacofonía infernal. Es la estampa de alguien que lleva 35 años en caída libre, una vida truncada por la infortunada suma de varios factores: el alcoholismo y la drogadicción como tradición familiar, esquizofrenia, incontables viajes de LSD y cinco años de internamiento en una cárcel-manicomio de alta seguridad por un delito menor de posesión de marihuana en la que recibe electroshocks y convive con psicópatas homicidas. La lucha del hermano para darle una vida más digna y conseguir que vuelva a interesarse por la música da sus frutos y cuando por fin volvemos a verle cantar… yo lloré de alegría.
 
 
4. GOOD COPY, BAD COPY (Andreas Johnsen, Ralf Christensen y Henrik Moltke, 2008)
Aquí no pisamos físicamente ningún tribunal, pero es, de lejos, el film con más enjundia jurídica de todos. El inabarcable embrollo global de los derechos de autor y el ogro de la piratería tratados con bastante ecuanimidad y –gracias a Dios– grandes dosis de humor en un documental danés que formalmente es, en sí mismo, un remix de las mil caras del asunto. Los N.W.A. demandados por samplear tres segundos de arpegio de guitarra de George ClintonDanger Mouse y su célebre mashup de Beatles y Jay Z, tiendas de DVDs piratas controladas por la policía rusa, los creadores de Pirate Bay enarbolando la bandera de la “desobediencia civil organizada” tras el primer intento judicial de cerrarles el chiringuito, el representante de la MPAA (Asociación Cinematográfica de Estados Unidos) sentenciando que “regalar una canción o una pintura va contra la misma naturaleza humana”, Creative Commons proponiendo soluciones alternativas a multas y penas de cárcel que la gran industria no quiere escuchar, un productor de cine nigeriano desafiando el modelo de negocio impuesto por Hollywood, y vendedores ambulantes de Brasil distribuyendo un CD de archivos mp3 con una remezcla tecno brega del “Crazy” de Gnarls Barkley que, a su vez, acaba siendo remezclada por DJ Girl Talk, de Pensilvania, sin moverse del sofá. Aquí tenéis el documental entero, vedlo sin cargo de conciencia: se publicó bajo licencia Creative Commons.
 
 
5. PUSSY RIOT: A PUNK PRAYER (Mike Lerner y Maxim Pozdorovkin, 2013)
Topar con la Iglesia suele ser mal negocio. Topar durante 40 segundos con el Patriarcado de Moscú sale a dos años de cárcel, por ejemplo. Esa fue la condena inicial impuesta a las tres Pussy Riot juzgadas en 2012 por vandalismo y odio religioso. A través de entrevistas a sus padres, este documental premiado en Sundance 2013 cuenta cómo cada una de ellas –Nadia, Masha y Katia– se fue implicando en el activismo feminista y en la performance punk como forma de protesta hasta llegar a su famosa plegaria anti Vladímir Putin en el altar de la Catedral de Cristo Salvador de Moscú. Paralelamente seguimos el juicio con detenimiento y desde varios ángulos: los encendidos alegatos de defensa y acusación, los diálogos y la risa nerviosa de las acusadas dentro de la jaula en la que son fotografiadas como monos en el zoo, la tensión incontenible de abogados y familiares, el choque frontal de mentalidades dentro y fuera de los juzgados… Uno se queda, eso sí, con ganas de saber más sobre los barbudos y fotogénicos miembros de la organización ultraortodoxa Portadores de la Cruz, con su look a lo Ángeles del Infierno y su inquisitorial retórica: “La líder es un demonio con cerebro, lo puedes ver en sus labios. En el siglo XVI las habríamos quemado”.
 
 
Bonus track: EL SHOW DEL COMITÉ PMRC
En septiembre de 1985, Frank ZappaDee Snider (del grupo heavy Twisted Sister) y el cantautor country John Denver testificaron en el Senado de los Estados Unidos ante el comité bautizado como Centro de Recursos Musicales de Padres (PMRC). Lo que allí se debatía era la necesidad de etiquetar y/o censurar aquellos discos cuyas letras contuvieran referencias explícitas al sexo, las drogas o la violencia. La iniciativa, que finalmente logró que 19 compañías discográficas aceptaran poner las infames pegatinas de "Parental Guidance: Explicit Lyrics", nació de las mentes de cuatro esposas de altos cargos de Washington, entre ellas Tipper Gore, esposa del senador y más tarde vicepresidente Al Gore. Durante su brillante testimonio, Frank Zappa dijo: “La propuesta de PMRC es absurda, está mal planteada, fracasa en el intento de proporcionar beneficio alguno a los niños, infringe la libertades civiles de las personas que no son niños y promete mantener ocupados durante años a los tribunales”.
 
Estas son las intervenciones íntegras de Zappa y Dee Snider, que merecen ser consideradas auténticos clásicos de la crónica músico-jurídica: